• Pablo Cabrerizo

La arquitectura, otra víctima del machismo

Actualizado: 8 de may de 2018

¡Cómo hemos podido los hombres tratarla así!, ¡qué manera de abusar de ella!, la tenemos sometida y le hacemos de todo por dentro y por fuera, por delante y por detrás, por arriba y por abajo.


Dicen de la prostitución que es el oficio más antiguo, pero estoy seguro de que no se ejercía en cualquier sitio, algún cobijo prepararían, un rincón, un escondite. Y ¿qué hay de las madres?, ¿acaso no son ellas las que preparan el nido? O la madriguera, o la cueva, en definitiva, creaban espacios, fueron las arquitectas de la familia y siempre han sido ellas: las mujeres. ¿En qué momento de la prehistoria pasó a ser un oficio dominado por el género masculino cuando debería ser al revés?


Recuerdo los años de carrera en la politécnica de Madrid donde había tantas mujeres que ni se me pasaba por la cabeza este tema, qué ingenuo. ¿Y ahora? ¿Dónde están? En 8 años trabajando no he visto ni a una sola mujer en una obra, y me niego a pensar que ha sido algo voluntario, sería absurdo dejarse los cuernos en una carrera tan sacrificada para luego no dedicarse a ello. Las estamos anulando, ninguneando, discriminando y ahí está ella, la arquitectura, por todas partes, pidiendo ayuda mientras es manoseada por hombres, como con pena, víctima de nuestros abusos y manipulaciones.


He rescatado este maravilloso vídeo de hace 3 años en el que se entrevista a varias arquitectas para saber su opinión, algunas de ellas han sido profesoras mías y unas magníficas arquitectas.


Me encantan, todas, me iría con ellas a cualquier sitio. Se percibe en ellas que hay una profundidad, una profesionalidad, una seriedad que ya nos gustaría tener a la mayoría de nosotros. No es peloteo, es admiración. Sin embargo yo no soy tan optimista como ellas, veo que aun falta mucho para llegar a un cambio real, a la transformación completa del modelo actual, a la extinción del machismo en todos los ámbitos de la arquitectura.


Ahora la pobre arquitectura está magullada y maltrecha, pasa por momentos verdaderamente difíciles, con la crisis se ha visto mucho peor. Que desaparezca ese techo de cristal que pusimos a las arquitectas (aunque yo lo veo más bien como una losa de hormigón armado con redondos del 25) y que suban a lo más alto, que tomen las riendas, que tomen las decisiones y que sean valoradas, reconocidas y con las mismas oportunidades que nosotros, puesto que, al final, todos somos individuos singulares, no clasifiquemos solo entre hombres y mujeres por una cuestión tan simplona como el cuerpo o los genitales. Cada uno es único y tiene su personalidad y sería muy enriquecedor conocer y disfrutar de todas esas personalidades que ahora nos estamos perdiendo.


La arquitectura lo agradecería.

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